La fuerza desde dentro cómo cuidar tu centro energético más allá del abdomen
Cultivar la fuerza interior va mucho más allá de fortalecer el abdomen: es aprender a movernos desde el centro de nuestro cuerpo, con control, flexibilidad y una respiración consciente que acompaña y sostiene cada movimiento.
En Pilates se habla mucho del centro, pero a menudo lo encajonamos en una idea demasiado estrecha: el abdomen. Sin embargo, quienes han explorado el método en profundidad —desde Joseph H. Pilates, hasta divulgadores actuales — coinciden en algo esencial: el verdadero poder del movimiento surge de un lugar mucho más amplio… y más profundo.
El centro no es una región concreta. Es una forma de habitarnos, de organizarnos desde dentro, de movernos con intención y de entrelazar fuerza, respiración y estabilidad. Cuando aprendemos a activarlo de verdad, algo se transforma: dejamos de empujar desde fuera y empezamos a movernos desde lo esencial.
Un centro fuerte no es solo un abdomen fuerte
Joseph Pilates definía el powerhouse como el “motor” del cuerpo, pero nunca lo redujo a un conjunto aislado de músculos. Sí, incluía el abdomen, pero también la zona lumbar, el suelo pélvico, los glúteos y toda la musculatura profunda que da soporte a la columna y la pelvis.
Esta visión integral nos recuerda algo clave: un centro funcional no busca marcar el abdomen, sino sostenernos de forma eficiente en cada gesto de la vida diaria.
Cuando entrenamos el centro con esta mirada:
• Disminuye la tensión innecesaria en cuello y hombros.
• La postura se reordena de forma más natural.
• Los movimientos ganan fluidez.
• La fuerza se reparte mejor y evitamos compensaciones inútiles.
Movilidad y flexibilidad de la pelvis: el eje que lo cambia todo
No hay centro sólido si la pelvis está rígida o bloqueada. Pilates insiste en esto casi como un mantra: la pelvis ha de moverse, adaptarse, acompañar, ser puente y no obstáculo.
Mejorar su movilidad es trabajar en:
• La flexibilidad de la zona lumbar.
• El equilibrio entre glúteos y flexores de cadera.
• La activación inteligente del suelo pélvico.
• La capacidad de articular la columna desde su base.
Cuando la pelvis se mueve con libertad y control, los músculos profundos se coordinan con mayor eficacia. Entonces, el centro responde solo, sin necesidad de forzar ni apretar.
Respirar de verdad: la herramienta que sostiene el movimiento
Si hay un principio que vertebra el método Pilates, es este: la respiración guía el movimiento. Pero no se trata de respirar por respirar, sino de hacerlo con intención:
para expandir, movilizar, activar y acompañar.
Una respiración torácica bien orientada puede:
• Liberar el abdomen sin perder sostén.
• Activar de forma precisa la musculatura profunda.
• Mantener el control pélvico.
• Y afinar la relación entre fuerza y fluidez.
El centro no se “activa” a base de fuerza bruta, sino a través de intención y respiración.

Cuidar el centro es un camino, no una meta estética
El trabajo del centro no se logra en un día. Es un proceso de afinar la escucha, de revisar y ajustar. Una práctica que transforma nuestra forma de movernos, sentarnos, caminar o simplemente levantarnos de la cama.
Cuidar tu centro es construir una base estable, flexible y consciente desde la cual todo movimiento cobra sentido. Y cuando eso sucede, el cuerpo responde distinto: más libre, más fuerte, más en equilibrio.
Si quieres profundizar más… Te recomiendo leer el artículo anterior: “El poder del movimiento lento: por qué en Pilates menos es más”
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